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Si vota cualquiera, gana cualquiera…
A mis amigos y devotos patrocinadores.
Como decía mi amigo Virgilio, "Felix qui potuit rerum cognoscere causas" (¡Dichoso aquel que ha podido conocer las causas de las cosas!)
Sin embargo, en la vida todo es relativo. Inclusive esto mismo también es relativo, por lo que al relativizar lo relativo estamos aseverando algo que no sabemos muy bien de qué se trata.
La pregunta que se hacía Homero era: La guerra de Troya, ¿la perdieron los troyanos o la ganaron los aqueos? Cualquier docente de una escuela media diría que ambas cosas se combinan, pero esta respuesta sólo persigue llegar hasta que suene el timbre y que los educandos no lo atosiguen más con preguntas sin sentido... y que, además, nadie se las paga.
Sin embargo, la pregunta sí tiene sentido. Hoy, XXXIII siglos después de que el caballo de Troya atravesara las murallas de la ciudadela, la cuestión es: ¿Gana Cristina o pierde la oposición?
Partiendo de la base científica de que a este gobierno no lo quiere nadie (Cfr. testimonios de Llambías, Mario; Carrió, Lilita; Duhalde, Eduardo; Clarín, Grupo y otros estudiosos) y basados en los resultados de la 125 y luego en el triunfo del hermano latinoamericano F. De Narváez, se hacía evidente que la oposición debió haber triunfado en las primarias. Y si bien algunos dicen que en la justa hubo fraude, cosa perfectamente posible (recordemos que en la gloriosa década del 30 este ingenioso artificio estaba al servicio de los buenos), no pensamos que tal cosa cambiará sustancialmente el resultado.
Sí creemos, como ya lo he dicho otras veces, que lo que pudo inclinar la balanza es el hecho de que la Constitución habilita a que todos puedan votar. Yo diría, más que a todos, a cualquiera. Especialmente a los que están pagando la cuota del plasma para ver a Tinelli (Cfr. Biolcatti, Hugo) o que en las provincias del norte portan un "voto de baja calidad" (Cfr. Solanas, Pino) ¡Al final, si vota cualquiera, gana cualquiera!. Elemental Watson.
Pero creo que nosotros, "la gente bien", tendríamos que hacernos algunas preguntas. No podemos pasar un papelón así. Yo tuve que aparecer ese domingo diciendo que Cristina había sacado el 50% y que los que la seguían, el 12%. ¡Es duro! Recuerden, mis amigos, que mi rostro ya no tiene la solidez pétrea que supo tener en décadas anteriores.
Mi análisis es que, evidentemente, algo hemos hecho mal. No sé… dejar que Cristina se presentara como candidata, permitir el crecimiento económico del país, no aterrorizar debidamente al electorado con alguna hecatombe que fuera más creíble que las de Lilita… o alguna otra cosa parecida.
Tobías solía decir "A superbia initium sumpsit omnis perditio" (Toda perdición tiene su origen en la soberbia). Y nuestro grupo de amigos fue muy soberbio cuando pensó que Duhalde, Alfonsín, De Narváez, Lilita, el Alberto y Pino -que se disfrazó de Alcira- podían sacar cada uno el 35% (lo que le hubiera dado a la oposición un total del 210% de los votos). A esto habría que sumarle algún voto para Cristina y otros para Altamira, que contó con la ayuda especial de la Virgen Desatanudos.
No suena racional y nosotros somos personas racionales.
Ahora bien: es evidente que a Cristina no se la puede destronar con el frágil sistema de las urnas. Recurramos entonces a nuestra historia. César afirmaba: "Rerum omnium magíster usus" (La experiencia es la maestra de todas las cosas) En el año 1930 tampoco era posible sacar a Yrigoyen con los votos. Lo mismo sucedió con Perón en el 55 y pensar que en el 66 Onganía podía acceder al poder mediante una elección es un disparate. Es cierto que en aquellos años gloriosos teníamos militares dispuestos a sacar los tanques a la calle, cosa que hoy ya no es viable porque el tránsito lo hace imposible. Pero seguramente debe haber otros medios.
Medios. Tal vez esa sea la palabra. No perdamos las esperanzas, aunque perdamos las elecciones.
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