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Acceder a los bienes culturales es un derecho de todo ciudadano y garantizar ese derecho es una obligación de todo funcionario. Creo que esta es una buena ocasión para reiterarlo públicamente.


Cuando Néstor Kirchner asumió, en su primer discurso, dijo que no iba a dejar los sueños en la puerta de la Casa Rosada. Y, en efecto, no los dejó y los puso en marcha. Recuerdo cuando se lo acusaba de hacer política de almacenero: él decía que no se podía gastar un centavo más del que se tenía, que había que incentivar el mercado interno. Empezó a desarrollar una política de derechos humanos, hizo descolgar el retrato de Videla y, a partir de ahí, se sucedieron una cantidad de episodios de los que rescato la negativa al ALCA y la cumbre paralela en Mar del Plata.

Fui viendo la posibilidad de volver a creer en la polítca como protagonista del país. Una de las grandes virtudes de Néstor fue recuperar la política con un sentido de modificar la realidad para mejor: justicia, igualdad, equidad, dignidad. Todo esto se fue consolidando a pesar de la oposición y de la prensa mediática concentrada, que ya sabemos qué rol jugó. Y a punto tal que la Ley de Servicios de comunicación audiovisual, que era el sueño de Néstor Kirchner y de mucha gente que trabajó durante muchos años, se pudo hacer realidad en el gobierno de Cristina.

Néstor y Cristina tenían y tienen el mismo proyecto, y por eso los medios concentrados se declararon enemigos a muerte e intentaron mostrar a Néstor como un personaje siniestro, tremendo, que crispaba los nervios. En realidad crispaba los nervios del poder económico y mediático.

La despedida de un pueblo dolido y triste fue un reconocimiento a alguien -de los pocos "alguienes" que hay en la historia argentina- que conoció a la gente, la hizo visible, la puso en el lugar del protagonista. Esa fue la gran tarea de Néstor y estoy seguro y convencido de que Cristina la va a seguir llevando adelante porque tiene coraje y lucidez. Es una estadista, una figura política de primer nivel. Estoy orgulloso de que sea la Presidenta de los argentinos.

Néstor dejó un legado, una herencia y un accionar que nadie olvidará. Dejó una huella muy profunda y no sólo en Argentina, sino en todo América. Lo que se lamenta profundamente es que tenía mucho por hacer y mucho por dar, por seguir construyendo. Pero es así el legado de los grandes hombres. Él era básicamente un militante y así murió: se quemó en sus propias llamas, no podía parar. Era un hombre para accionar, para modificar la realidad, para devolverle la utopía al pueblo y especialmente a los jóvenes. Eso ocurrió y quedó demostrado en la plaza.

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